jueves, 5 de septiembre de 2013

La cara oculta de las canciones: ‘Layla’, o Clapton y Harrison enamorados de la misma mujer.

Fuente: efeeme.com por Héctor Sánchez

El rodaje de la película “¡Qué noche la de aquel día!” (Richard Lester, 1964) no solo sirvió a los Beatles para debutar en el mundo del séptimo arte, además, George Harrison conocería a
su primera esposa. Pattie Boyd era una modelo que había sido contratada como extra para la película y que rápidamente llamó la atención de Harrison. Durante la grabación de la escena en la que los músicos interpretan ‘I should have know better’, Boyd fue consciente del interés que había suscitado en el guitarrista: “Podía sentir a George mirándome fijamente y estaba un poco avergonzada”. Aunque Pattie tenía pareja, el fotógrafo Eric Swayne, en tres semanas ya le había abandonado y se había mudado con Harrison. El 21 de enero de 1966, la pareja contrajo matrimonio. George Harrison lo tenía todo para ser feliz: éxito, dinero y una mujer preciosa. Pero el mundo material en el que vivía le sabía a poco y la respuesta que necesitaba la encontró en la religión y la espiritualidad hindú. “La meditación le absorbió por completo”, aseguró Pattie. Ante estos problemas en el paraíso, entró en acción el tercer vértice de este triángulo.

Eric Clapton conoció a los Beatles a finales de 1964 y congenió, en especial, con George. Clapton y Harrison entablaron una amistad repleta de colaboraciones. George, acreditado como L’Angelo Misterioso, participó en el tema ‘Badge’, incluido en el álbum de despedida de Cream, “Goodbye” (1969); y Eric, por insistencia de su amigo, interpretó el solo de ‘While my guitar gently weeps’ del “Álbum blanco” (1968), algo que Clapton se negó a hacer en un primer momento, ya que consideraba que tocar en un disco de los Beatles era una responsabilidad demasiado grande. Además, Mano Lenta vivía a solo media hora del hogar del matrimonio Harrison, por lo que las visitas eran habituales.

Aunque Clapton admiraba a su amigo, en el fondo también le envidiaba, ya que lo que más deseaba en el mundo era su esposa: “También codiciaba a Pattie porque se trataba de la mujer de un hombre poderoso que parecía tener todo lo que yo quería: coches asombrosos, una carrera increíble y una esposa preciosa”. A pesar de que a Clapton se le consideraba Dios, Eric era un dios vulnerable y envidioso. Pero el enamoramiento del guitarrista era algo más que físico: “No se trataba solo de su apariencia, aunque sin duda era la mujer más bonita que había visto en mi vida. Consistía en algo más profundo. Salía de dentro de ella también. Era su manera de ser, y aquello me cautivó. Nunca había conocido a una mujer tan perfecta, y me sentía abrumado. Me daba cuenta de que tendría que dejar de ver a George y a Pattie, o si no ceder a mis emociones y decirle a ella lo que sentía”. Gracias al nuevo interés trascendental de Harrison, Clapton encontró una oportunidad para entrar en este terreno vedado: “George estaba muy comprometido con la espiritualidad india y en cómo podría liberarle de las cosas materiales que todos disfrutábamos. (…) Y yo cada vez me obsesionaba más y más con su mujer, Pattie. Me metía, con bastante torpeza, para saber cómo les iba, lo que pasaba en su relación…”.

Como Eric era consciente de que su amor era imposible, pensó que lo más cerca que podía estar de ella era acostarse con la hermana de esta, Paula. Sin embargo, mantener una relación con la hermana no era otra cosa que engañarse a sí mismo, por eso, Clapton tomó una decisión: “Una noche la llamé y le conté ‘la verdad’: que no era en Paula en quien estaba interesado, ni tampoco en ninguna chica con la que me hubiera visto, sino que ella era la única a la que quería de verdad. A pesar de sus protestas acerca de que estaba casada con George y de que le proponía algo imposible, consintió en que me pasara por su casa para conversar. Conduje hasta allí, hablamos sobre aquello frente a una botella de vino tinto y acabamos besándonos. Por primera vez me pareció que había alguna esperanza para mí. Supe entonces lo que llevaba tiempo sospechando, que no todo andaba bien en su matrimonio”. Pattie Boyd también justificó su escarceo a sus problemas maritales: “Eric no paraba de venir a verme. Empezó a declararme su amor y su pasión. Dado que en aquellos días mi marido no me prestaba atención, y yo era muy joven, no me pude resistir a Eric. Quizá, si no hubiéramos sido tan jóvenes, quién sabe, todo se podría haber arreglado entre George y yo”.

Mientras Harrison se entregaba a la preparación de su primer disco en solitario, “All things must pass” (1970), Clapton se dedicaba a quebrantar esa regla no escrita que prohíbe flirtear con la pareja de tu mejor amigo. A pesar de que era correspondido, Mano Lenta se encontraba entre la espada y la pared. Por un lado, deseaba que su idolatrada Pattie abandonara al Beatle, pero por el otro, el guitarrista no se sentía cómodo ocultando a su colega el amor que sentía por su esposa. Eric acabaría descubriendo sus cartas: “Vi a George en una fiesta en casa de (Robert) Stigwood y se lo solté todo: ‘Estoy enamorado de tu mujer’. La conversación subsiguiente rozó el absurdo. Aunque creo que George estaba profundamente herido, lo delataban sus ojos, prefirió quitarle hierro al asunto, convirtiéndolo casi en una escena propia de los Monty Python. Pienso, no obstante, que de alguna forma se sintió aliviado, ya que estoy seguro de que se había olido algo, y al fin yo se lo había confesado”.

Por su parte, Pattie Boyd no tenía ninguna intención de abandonar a su marido; al fin y al cabo, el tonteo con Eric Clapton era una manera de intentar suscitar celos en un George Harrison cada vez más centrado en la religión. Boyd decidió terminar aquel juego con Clapton, dejando al músico hundido. Con el corazón hecho añicos por el rechazo, Eric puso su energía para exteriorizar toda la rabia que albergaba en su interior de la manera que mejor podía hacerlo, con música: “Fue una etapa tremendamente creativa para mí. Estaba escribiendo mucho, llevado por mi obsesión con Pattie, y todas las canciones que compuse para el primer álbum de los Dominos tratan en realidad sobre ella y nuestra relación”. “Layla and other assorted love songs” (1970) fue el primer y único álbum de estudio grabado por Clapton y su nueva banda, llamada Derek and the Dominos y formada por Bobby Whitlock, Carl Radle y Jim Gordon, junto a la colaboración de Duane Allman, de los Allman Brothers. La canción que le daba el título al disco no era más que otra declaración de amor hacia Boyd: “‘Layla’ fue la canción clave, un intento consciente de hablarle a Pattie sobre el hecho de que me estuviera dando largas y no quisiera venirse a vivir conmigo”.

El nombre del tema provenía de un cuento persa del poeta Nezami Ganjavi titulado “Layla y Manjun” que narra la historia de un amor prohibido. La canción ‘I am yours’ también estaba influida por el mismo relato. Manjun se enamora de Layla, pero el padre de ella prohíbe el matrimonio por lo que Manjun acaba enloqueciendo. El disco en general, y ‘Layla’ en particular, era el último movimiento para que Eric pudiera conquistar a su amada: “Me había convencido a mí mismo de que cuando ella oyera acabado el disco “Layla”, con todas sus alusiones a nuestra situación, se sentiría tan abrumada por mi súplica de amor que dejaría a George y se vendría conmigo para siempre. Así que la llamé una tarde, y la invité a venirse a tomar un té y escuchar el disco nuevo. Por supuesto, se trataba de un descarado chantaje emocional, condenado al fracaso. Para entonces ya había ejercido bastante presión sobre ella, y aquello no era más que más de lo mismo”.



Cuando Pattie escuchó aquello, no reaccionó de manera indiferente: “Encendió el casete, ajustó el volumen, y sonó la canción más conmovedora que había escuchado nunca, ‘Layla’, sobre un hombre que se enamoraba perdidamente de una mujer que le quiere pero está con otra persona. Lo primero que pensé fue: ‘Dios, todo el mundo lo va a saber’. No me sentía cómoda porque me estaba presionando a tomar una dirección que no sabía si tomar. Pero esa canción sacó lo mejor de mí, dándome cuenta de toda la pasión y creatividad que había inspirado”. Aunque, por mucho que le impresionara la canción, la mujer no dio el brazo a torcer. La siguiente estrategia que Clapton planeó tampoco le sirvió de mucho: “Un día, después de otra sesión de estériles ruegos, le dije que si no dejaba a George me haría adicto a la heroína. La verdad era, por supuesto, que llevaba bastante tiempo consumiendo casi a diario. Ella esbozó una sonrisa triste y yo supe que el juego se había terminado”. Pero Eric era consciente que con esa amenaza no pretendía engañar a nadie: “Chantajear a Pattie era tan inútil como infantil, pero se trataba solo de un farol porque ella no tuvo nada que ver con mi adicción a la heroína”.

Eric Clapton y Pattie Boyd tardarían en reencontrarse. Durante ese tiempo, Eric bajó a los infiernos de la mano de la heroína y resurgió de sus propias cenizas con “461 ocean boulevard” (1974). Ese mismo año, el matrimonio Harrison se deterioró definitivamente y Clapton y Boyd retomaron su relación, esta vez, sin tener que ocultarla. Sin embargo, Eric era incapaz de llamarla “Pattie” ya que relacionaba ese nombre como la esposa de su amigo, por lo que se refería a ella como “Nell” o “Nelly”. Aunque por fin había conquistado a su Pattie, Layla, Nelly o como quisiera llamarla, basta con conseguir aquello que se desea para perder el interés. “Daba la impresión de que estaba intentando sabotear mi relación con Pattie, como si una vez conquistada ya no quisiera tenerla”, consideró el guitarrista. Clapton empezó a recurrir a otros ligues y al alcohol y pensó que la única opción que podía tener para salvar su relación era el matrimonio. Eric Clapton y Pattie Boyd se casaron el 27 de marzo de 1979 y tres de sus invitados tocaron en la ceremonia: George Harrison, Paul McCartney y Ringo Starr; solo faltó John Lennon para un reencuentro entre los Beatles. A pesar de la boda, aquello no funcionó, los problemas de fertilidad de ella junto a los problemas con el alcohol de él y otros escarceos hicieron que la llama finalmente se apagara, y en 1989, la pareja se divorció.

Pattie Boyd, la musa de dos maestros de las seis cuerdas, no solo inspiró ‘Layla’. ‘Something’ de los Beatles, ‘Bell bottom blues’, de Derek and the Dominos o ‘Wonderful tonight’, de Eric Clapton también eran canciones que trataban sobre ella. ¿Y qué sucedió con los dos amigos? A pesar de este lío de faldas, Harrison y Clapton siguieron manteniendo una excelente relación entre ellos, demostrando que ninguna mujer que se pusiera por medio podía romper los lazos de una amistad tan sólida.