domingo, 5 de julio de 2015

La eterna tentación de la manzana.

Fuente: larazon.es por Alberto Bravo.
«Dentro de un siglo, la gente escuchará a los Beatles como hoy hace con Mozart», dijo Paul McCartney en una ocasión. No exageró, ni mucho menos. Porque actualmente ya
se puede proclamar que los Beatles han ganado la batalla al tiempo. El arte contemporáneo es la perpetua batalla contra la erosión. Todo es tan efímero que la primera duda que asalta cuando surge algo revolucionario es intuir cuánto va a durar. Los Beatles nacieron con espíritu de transgresión y consiguieron elevar el arte del rock and roll a cotas impensadas en su tiempo y evidentemente nunca superadas.

¿Cuál fue el secreto de los Beatles? Imposible acercarse a la verdad absoluta en apenas unas líneas cuando el cuarteto ha generado miles de libros con el fin de intentar encontrar una explicación o, más bien, sugerir hipótesis, para abordar semejante pregunta. Pero existen hechos irrefutables. «Antes de Elvis no había nada», dijo John Lennon para hablar de su primer gran héroe. Sí, Lennon quería ser Elvis, un hombre que en sus primeros años de carrera esbozó las líneas maestras de lo que suponía ser una «rock star». Pero lo cierto es que antes de Elvis había muchas cosas grandes: Robert Johnson, Hank Williams, Chuck Berry... Pero Elvis lo borró todo. Los Beatles doblaron la apuesta: rompieron con pasado... y futuro. «¿Quién más hay? Nosotros éramos los monstruos. Hubo unos cuantos grandes y muy pocos monstruos. Ésa es la diferencia», diría Ringo Starr.

Más allá de las canciones

Los Beatles provocaron la revolución y sobrevivieron a ella. Ésa es su grandeza. Lo hicieron partiendo de la música, pero gradualmente, con el paso de los años y los discos, elevaron sus instintos más allá de las canciones. Ellos definieron las reglas del «arte pop» en toda su extensión y consiguieron salir indemnes de los golpes de la fama y las inevitables diferencias personales que siempre devastan la vigencia de un grupo. Se retiraron en la cima, sin concesiones, sin haber entregado una sola obra siquiera mediocre. Entre «Love me do» y «Come together» apenas hay siete años de diferencia, pero parecen siete vidas. Los Beatles se superaron a sí mismos casi en cada disco. Hoy parece increíble observar que a un ritmo de casi dos álbumes por año pudieran entregar tantas canciones buenas y con un signo distintivo de evolución entre ellas. Cada disco, cada canción, casi siempre fue un paso más allá. La senda se puede seguir con la siguiente sucesión de temas: «Love me do», «She loves you», «Can’t buy me love», «Help», «Papperback Writer», «Strawberry Fields Forever», «A day in the life», «I an the Walrus», «Happiness is a warm gun», «All you need is love», «I want you» y «Don’t let me down». Es un resumen que puede ayudar a explicar el avance de una banda que nunca se detuvo hasta su ruptura final, cuando ya no se soportaban ni a ellos mismos.

Luego estuvo la popularidad. En sus comienzos, con los llamados pioneros, el rock and roll tenía un destinatario claramente juvenil. Los peinados, las coreografías, el vestuario, los textos de las canciones y el ritmo iban dirigidos claramente hacia un sector adolescente que rogaba a sus padres que les dieran unas monedas para comprar el último single de Ricky Nelson, Eddie Cochran o el propio Elvis. Pero los Beatles consiguieron que los padres también se interesaran por ese fenómeno sensitivo del rock and roll. ¿Quién no es capaz hoy en día de tararear al menos veinte canciones de los Beatles? «Siempre hacíamos canciones relacionadas con todo el mundo, desde los niños hasta nuestros padres y abuelos... Todo el mundo se identifica con ‘‘Yesterday’’ y la mitad de la gente sigue haciéndolo con ‘‘I am the Walrus’’», explicaría Ringo.

Efectivamente, los Beatles se erigieron en portavoz artístico de su propia generación y de las posteriores. En la mágica década de los 60, enarbolaron la bandera de un cambio –social y musical– que sostuvieron hasta su separación. Y luego las canciones siguieron hablando por ellos, cuando el rock and roll dejó de tener la importancia social de antaño para pasar a convertirse en delicioso entretenimiento hasta llegar al subproducto que es hoy en día. Los Beatles fueron lo suficientemente sensatos para aceptar no sólo que eran capaces de influir en sus compañeros de generación, sino que también podían asimilar lo mejor del talento ajeno. Por ejemplo, los Beatles impulsaron la famosa y decisiva electrificación de Bob Dylan, pero los ingleses también se empaparon de las bondades del americano, impregnando de madurez tanto sus voces como sus textos. Otro caso paradigmático es el de los Beach Boys y está más o menos asumido que el «Sargent Pepper» nació del instinto competitivo de los británicos por lograr superar una maravilla como «Pet Sounds». George Martin, el productor de los Beatles, ofrece una explicación muy convincente: «La gente no recuerda a Elvis Presley por ‘‘Heartbreak Hotel’’ o las demás canciones; recuerdan a Elvis Presley. Era ése el tema central, las canciones vinieron después. En cuanto a los Beatles, está su inmenso catálogo de canciones. Es como Gershwin. No se le recuerda en absoluto como intérprete, se le recuerda por su música. Los Beatles fueron capaces de combinar ambas cosas: tienen ese catálogo genial, estilo Gershwin, y tienen ese gran repertorio de interpretaciones, estilo Presley». Con la perspectiva del tiempo, es un milagro que cuatro personalidades como los Beatles pudieran coincidir en espacio y tiempo. Y más en una ciudad como Liverpool, tan poco estimulante antes y ahora. Se juntaron cuatro muchachos con innegable talento y dos de ellos –Lennon y McCartney– eran directamente unos genios. Ambos superdotados fueron tan amigos como competidores durante muchos años. No sólo mejoraba uno al otro, sino que se complementaban. Por ejemplo, una obra maestra como «A day in the life» se construyó a partir de una prodigiosa colaboración entre Lennon y McCartney.

Mezcla de géneros

George Harrison aportó la templanza, tanto personal como artística, y tiene un gran número de composiciones memorables («Taxman», «Something», «Here comes the sun»), mientras Ringo era exactamente el batería que necesitaba el cuarteto, un tipo instintivo a quien no le importaba contravenir las leyes del ritmo. No hubo estilo musical que se le resistiera a los Beatles, que fueron capaces de situarse más allá de géneros tan diferentes como el rock and roll («Get Back»), el pop adolescente («Please Please Me»), el country («I’m looking through you»), el rock duro («Helter Skelter»), el vodevil («When I’m sixty four»), la música sinfónica («Eleanor Rigby»), el rock sinfónico («I want you»), la balada sentimental («The long and winding road»), el folk («You’ve got to hide your love away»), el folk-rock («Help!»), la psicodelia («Lucy in the sky with diamonds») y cualquier cosa que se les puso por delante.

La historia de los Beatles añadió un componente dramático que ayudó a incrementar la mitificación de la banda con el asesinato de Lennon el 8 de diciembre de 1980. Para entonces, la Prensa seguía jugando con la posibilidad de volver a juntar al cuarteto, pero ellos tuvieron la dignidad e inteligencia de no hacerlo. A la larga, se antojó una decisión extraordinariamente interesante: pudieron seguir vendiendo sus viejos discos a un creciente número de seguidores que crecerían con la certeza de que nunca habría segunda parte. Los Beatles –y más tarde las viudas de los caídos– supieron gestionar su brillante –y no demasiado extenso– catálogo durante las décadas siguientes a su separación. Entendieron la magnitud de su catálogo y se adaptaron a las modas tecnológicas. Vendieron como nadie las reediciones, los documentales, la memorabilia, las grabaciones inéditas, los recuerdos. La nostalgia es uno de los grandes valores de la actual industria discográfica y los Beatles crearon un feroz armazón empresarial que todavía hoy les proporciona extraordinarias ganancias. Todavía son capaces de tener números uno, todavía pueden seguir vendiendo miles de álbumes con sólo cambiar un poco una portada o adornar un producto. Los años pasan y los Beatles tienen garantizada la inmortalidad. Todo lo consiguieron en apenas ocho años. Lo que hoy es un suspiro casi para cualquier artista profesional, en el caso de los Beatles fue historia. Pasan las décadas y el mundo se ha cansado de esperar a los nuevos Beatles. Simplemente, no es posible. Nunca lo fue en realidad.