lunes, 1 de septiembre de 2014

The Beatles, Bob Dylan, marihuana y el día que cambió la música.

Fuente: sopitas.com por IvanNieblas.
Alguna vez escuchamos que públicamente un locutor de radio de una famosa estación, dijo que los Beatles “jamás se habían drogado y que sólo decían que sí para
mantener cierta reputación ante sus contemporáneos”. A pesar de que al paso del tiempo las evidencias abundan, hay mucha gente que sigue creyendo que los Beatles eran unas blancas palomitas, pero eran tan gandallas y drogados como los Rolling Stones o The Who. Les ofrecemos una recapitulación, narrada por ellos mismos, de cuando exactamente hoy hace 50 años los Beatles conocieron a Bob Dylan en Nueva York, y fumaron marihuana por primera vez con él, cambiando para ambos artistas la manera de concebir la música que hacían y sus letras.

El encuentro fue arreglado por el periodista Al Aronowitz quien estaba cubriendo las actividades de Dylan y lo habían asignado a encontrarse con los Beatles en Nueva York, quienes estaban hospedados en el hotel Delmonico, a donde llegó Bob Dylan.

Bob sugirió que bebieran algún vino barato, así que los Beatles enviaron a su roadie Mal Evans a comprarlo. Mientras esperaban, Dylan sugirió que sería buena idea fumar marihuana, así que comenzó a armar un porro. El manager de los BeatlesBrian Epstein, le dijo que ninguno había fumado la yerba en su vida. Bob Dylan sorprendido preguntó sobre la letra de la canción “I Want To Hold Your Hand”.

JohnBob Dylan creía que el coro de “I Want to Hold Your Hand” que dice “I Can’t Hide” (No puedo esconder) en realidad decía “I Get High” (Me ‘elevo’).  Vino y nos dijo: “Bueno muchachos, traigo muy buena yerba”. ¿Cómo podía caerte mal un tipo así? Creía que usábamos drogas. Fumamos y nos reímos toda la noche. Bob se la pasó contestando el teléfono con la frase “aquí está la Beatlemania al habla”. Era ridículo. No recuerdo muy bien de qué hablamos, Sólo estábamos ahí siendo rocanroleros, fumando marihuana, bebiendo vino y pasando un buen rato, algo surreal. Recuerdo un momento en que Dylan traía demos de sus canciones y nos puso algo y me decía: “Hey John, escucha la letra” y yo le dije: “¿La letra? ¿A quién le importa la letra? Estamos fuera de nosotros mismos y tenemos que poner atención a letras? ¡Escucha el ritmo! ¡Eso es todo!”.

Una vez armado el cigarrillo, Dylan se lo pasó a John, quien le dio unas cuantas fumadas.

John: Las drogas estuvieron a nuestro alrededor por mucho tiempo. Todos los músicos de jazz han estado metidos en ellas por años y años. Es sólo que se supo de ellas hasta los 60. La gente fumaba marihuana en Liverpool desde que éramos niños, aunque entonces no me daba cuenta de ello. Todos los niños negros que conocía tenían padres que venían de Jamaica y había mucha marihuana alrededor. El movimiento de los “beatniks” recién comenzaba y un tipo nos enseñó la marihuana en Liverpool con todo y varas. La fumamos pero no sabíamos lo que era, estábamos borrachos.

John le pasó el cigarrillo a Ringo Starr, quien inocentemente se quedó con él hasta que se lo terminó, sin darle unas fumadas y pasarlo como dicta la “etiqueta” entre los fumadores cannabicos.

Ringo: Conocimos a Dylan en Nueva York. Esa fue la primera vez en la que realmente fumé marihuana y me reí y reí y reí, fue fabuloso.

Siendo que Ringo se lo terminó, Dylan y Aronowitz hicieron varios cigarrillos más para cada quien. Brian Epstein sólo podía decir que estaba tan “elevado” que había llegado hasta el techo.

Paul: Lo que Dylan hizo fue introducirnos a la mota. Quiero decir, escuchábamos sobre ella en bromas: como cuando el grupo de Ray Charles tocó en el Hammersmith Odeon y el hombre de la limpieza dijo: “esa banda debe ser muy unida, ¡hay dos de sus músicos compartiendo un cigarro en el baño!”. Pensábamos que era gracioso, pero no éramos nosotros. Entonces Bob vino a nuestro hotel y nos dijo “prueben esto”. Es muy indiscreto decir esto porque no se si Bob le ha dicho a todo el mundo que él inició a los Beatles en la marihuana. Pero fue muy divertido.

George: Habíamos fumado marihuana por primera vez con un baterista que conocíamos de otra banda de Liverpool. La probamos hasta que estuvimos en Hamburgo. Recuerdo que la fumamos en el cuarto de la banda en un concierto en Southport y ese día aprendimos a bailar el twist. Todo mundo dijo “esta cosa no funciona”. Era como ese chiste en el que dos hippies están flotando encima de una fiesta y dicen “esta cosa no funciona”.

Casi al final de la velada Paul McCartney comenzó a tener profundos pensamientos tal que en algún punto creyó haber encontrado la clave del universo.

Paul: Tuvimos una fiesta loca la noche que nos juntamos. Yo me la pasé pensando que por fin había encontrado el significado de la vida. Le dije a nuestro roadie Mal Evans que consiguiera papel y pluma. “¡Ya lo tengo Mal! ¡Consíguelo!” Pero Mal también estaba algo ido y no conseguía nada. Finalmente lo encontró y yo escribí mi Mensaje del Universo y le dije “¡Guarda eso!”. Al siguiente día Mal me dijo “Hey Paul, ¿quieres ver el papel que me diste anoche?”. Había escrito: “Hay siete niveles”. No resumía exactamente todo lo que había pensado pero nos divertimos mucho.

El encuentro entre Dylan y los Beatles estaba destinado a suceder en algún momento, tal y como había sucedido posteriormente con Elvis. Eran los más grandes y debían cruzar caminos necesariamente. La experiencia no fue tanto como un intercambio de ideas entre dos grandes artistas, sino una buena juerga entre colegas. Sin embargo, para ambos artistas fue un evento revelador a la larga.

Los Beatles a partir de entonces comenzaron a crear letras de mayor profundidad, más personales, además de que ya se habían fastidiado de tocar para miles de adolescentes gritonas que no los escuchaban y tampoco dejaban que ellos lo hicieran. Tal como la experiencia de fumar marihuana, la solución era “interiorizarse”, cosa que comenzarían a hacer con el álbum Rubber Soul hasta llegar a extremos como el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

Por su parte, Dylan aprendió de los Beatles la construcción de melodías memorables, de canciones que la gente pudiera gozar y no sólo se dedicaran a analizar sus letras profundas de contenido social. El tocar para los mismos existencialistas folk de suéter de cuello de tortuga con su guitarra acústica en un punto ya no era suficiente, quería ir más allá, salir a donde estaba el gran público, de ahí devendría su “electrificación” que tantas críticas le ganó. Los cambios se harían patentes en su álbum de 1965, Bringing It All Back Home.

Para ponerlo en palabras del propio Aronowitz: “la conjunción de estas estrellas no cambió la música popular, cambió los tiempos en los que viviríamos”.