domingo, 21 de abril de 2013

El día en que se conocieron.

Fuente: elobservador.com.uy


Todo el mundo sabe lo adorables que podían ser los Beatles cuando aparecían en sus entrevistas de radio y de televisión, especialmente durante la primera ola de la
beatlemanía. En la vida real, sin embargo, a menudo provocaban una impresión muy distinta.

El escritor Barry Miles recuerda que cuando los Beatles se mudaron de Liverpool a Londres en la primavera de 1963, parecían decididos a proyectar “una imagen intimidatoria intencional”. La revista para adolescentes Boyfriend llegó a describir a los Beatles como “unos jóvenes que daban miedo”. Cuando no estaban sonriendo, decía la revista, “se veían malvados, desagradables, malignos, al estilo del siglo XVIII”.

Probablemente no debía ser fácil, en la primavera de 1963, imponerles una idea o pedirles un favor. De todas maneras, la tarde del 14 de abril, Giorgio Gomelsky, un promotor de rythm and blues ruso educado en Suiza, se acercó a los Fab Tour en el estudio de televisión donde estaban grabando su tercera aparición en el show de música pop Thank your lucky stars. “Ey, muchachos, tienen que escuchar a esta banda camino a casa esta noche”, les espetó. “Tienen que ir a ver a esta banda cuando terminen de grabar el show. Está de camino. Tienen que ir”.

Estaba hablando de los Rolling Stones. Y el momento era oportuno. Los Beatles recién habían llegado a Londres y ellos y su entorno tenían una gran curiosidad por averiguar que estaba pasando en la escena musical de la ciudad.

Poco después de que los Stones empezaran su segunda entrada en el Crawdaddy Club, en el suroeste de Londres, el bajista Bill Wyman quedó petrificado cuando vio a esas “cuatro figuras sombrías” paradas hombro con hombro en la audiencia, todos ellos vestidos con sacos oscuros y gorras de cuero. “¡Mierda, son los Beatles!”, recuerda haber exclamado. Keith Richards lo cuenta de manera similar: “Estábamos tocando en el pub, dándole con todo, y todo el mundo lo estaba pasando fenomenal. De repente me doy vuelta y ahí están estos cuatro tipos vestidos de negro, parados ahí. Y yo los veo y me digo ´pero mirá quiénes están acá´”.

Impresión

El road manager de los Beatles, Neil Aspinall, pensó que los Stones tocaron “bastante bien” esa noche, pero que no eran mejores o peores que una típica banda de Liverpool que tocara en The Cavern.

Los Beatles, sin embargo, fueron más efusivos. “Me acuerdo que estaba en ese sitio sudoroso viendo a la banda en el escenario”, recordaba  Ringo años después. “Keith y Brian… ¡guau! Ahí supe que los Stones eran geniales. George estaba impresionado con el tremendo entusiasmo que tenía el público. Gritaban y aullaban y bailaban arriba de las mesas”, recordó.

Brian Jones había invitado a los Beatles y a su entorno al populoso apartamento que los Stones compartían en la ciudad y hacia allí se dirigieron todos después del show, sin perder el tiempo en quedarse conversando o bebiendo en el pub. La versión más detallada de lo que ocurrió esa noche es la de James Phelge, que vivía con Mick, Keith y Brian en aquel entonces.

Cuando llegaron los Beatles, Phelge dice que “se comportaban con el aire de una banda profesional. Todos los miembros del entorno vestidos de manera similar al de ellos, dando la impresión de que se trataba de un gran equipo”.

Algunos en el campo de los Beatles pueden haber sentido cierta repulsión por el estado de putrefacción que reinaba en el apartamento –los platos apilados, los ceniceros desbordantes, la mugre acumulada– pero Phelge dice que Paul, por lo menos “no parecía preocupado por nada. Su mirada decía: ´Estuve aquí antes´”.

Escucharon discos toda la noche  y los miembros de cada banda compartieron sus gustos musicales. Los Stones pusieron cinco demos que acababan de grabar en los Estudios IBC y también les mostraron el tesoro de su colección de música estadounidense. Fueron tomados de sorpresa, sin embargo, ante el frío desdén con que Lennon opinó sobre uno de sus héroes, la leyenda del blues Jimmy Reed.

El éxito

Otro gran tema era cómo hacer dinero en el negocio de la música. Hasta ese punto, ningún artista pop británico había sido capaz de mantener el éxito en el largo plazo y todo el mundo pensaba que era cuestión de tiempo antes de que la fanaticada adolescente de los Beatles saliera a buscar alguna otra banda para idolatrar. Incluso los Beatles pensaban así. En aquel momento estaban muy preocupados en convertir esa buena racha de éxito popular en la mayor cantidad de dinero posible. Lo más a lo que podían aspirar los Stones era que ellos también tuvieran su efímero reinado.

A pesar de ser la banda más famosa de Inglaterra, los Beatles tenían algunos motivos para sentirse vagamente incómodos en compañía de los Stones. Como les sucedía a muchos que llegaban a la capital desde el norte de la isla, eran muy sensibles a cualquier traza de condescendencia por parte de sus vecinos sureños. Odiaban que se los catalogara como “hicks” (pajueranos). Eso podría explicar por qué podían parecer tan reservados y hasta agresivos; era una postura defensiva.
Además, los Stones la iban de londinenses con onda, obsesionados con una manera particular de ser cool, que asociaban con la reticencia y la seguridad en sí mismos. Por eso les divertía esa manera amigable y bobalicona de los Beatles: ese ingenio inofensivo y esa ansiedad obvia por agradar.

Los Stones estaban orgullosos de haber creado una audiencia de bohemios inteligentes, en contraste con los adolescentes histéricos que formaban la de los Beatles. Todavía no tenían un contrato con una disquera pero estaban seguros de que eso cambiaría pronto.

Está claro que todavía no había ninguna rivalidad entre los Beatles y los Stones. Pero a pesar de todo lo que tenían en común, las dos bandas deben haber reconocido que tenían algunas cualidades opuestas, también.

No por nada en enero de 1981, cuando Mick Jagger presentó a los Beatles en el Salón de la Fama del Rock and roll, se extendió sobre lo que sucedió en aquel primer encuentro con los Beatles y resulta que no los veía adorables ni cosa que se pareciera. Le impresionaron, dijo, como “un monstruo de cuatro cabezas”.