domingo, 12 de octubre de 2014

Vivir es fácil con los ojos cerrados.

Fuente: murciaeconomia.com por Pedro Rivera.
Así comienza una de las estrofas de la mítica canción de los Beatles, ‘Strawberry fields forever’ de la que toma su
título la última película de David Trueba.

El largometraje cuenta un hecho real, el viaje que emprende en 1966 desde Cartagena a Almería el profesor de inglés Juan Carrión, para conocer a John Lennon, que se encontraba allí rodando la película ‘Cómo gané la guerra’, de su amigo Richard Lester.

La razón que le lleva a emprender ese viaje de tal incierto resultado era solicitarle que le ayudara a completar la letra de algunas de las canciones de los Beatles que empleaba para enseñar inglés a sus alumnos.

Juan consigue que Lennon le reciba y éste llega a completarle de su puño y letras los cuadernos rellenando las palabras dudosas y corrigiendo también algunos errores.

Aprovechó también para pedirle que incluyera en sus discos las letras de las canciones para favorecer así la enseñanza del inglés. Lennon cumplió su palabra y a partir del siguiente disco, ‘Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band’, los Beatles las incluirían en todos sus álbumes; ejemplo que seguirían gran cantidad de grupos.

Tras el encuentro iniciaron una relación epistolar que se prolongó cerca de cinco años pero se vio interrumpida con la marcha de Lennon a Nueva York. Su muerte le impediría cumplir otra de las promesas que le hizo a Juan, acudir a visitarlo a su Academia en Cartagena.

La historia central de la película es, por tanto, cierta y también una pequeña parte de lo que ocurre en el viaje; el resto son licencias del guión.

No sé cuánto hay de leyenda y realidad en la cinta, pero de todas maneras, en ella reconozco en esencia al Juan Carrión del que fui alumno durante muchos años en su academia de inglés, por la que hemos pasado miles de cartageneros.

Juan ha sido uno de los mejores profesores que he tenido en mi vida y es una opinión generalizada entre sus alumnos. De él destacaría su inmenso amor por la docencia, su generosidad y su apasionamiento, pero también su rebeldía frente a todo aquello que le parecía inmoral o injusto; un Juan que no vivía con los ojos cerrados.

Recuerdo que cuando se enfadaba con alguno de nosotros nos llamaba “burgueses consentidos” recriminándonos que no fuéramos inconformistas sino jóvenes acomodados.

Es verdad que existe un poso importante de nostalgia en este artículo, como ocurre en la famosa canción, escrita precisamente aquellos días en Almería, que da título a estas líneas (el nombre de un orfanato del Ejército de Salvación a cuyo jardín Lennon amaba ir de pequeño), porque mirando hacia atrás recuerdo con un inmenso cariño el olor de aquellas aulas antiguas, las letras de las canciones que nos hacía aprender Juan, sus manos cubiertas de tiza, las sesiones de cine en que proyectaba películas en inglés subtituladas…

Pero, sobre todo, recuerdo con un inmenso afecto a un hombre extraordinario que ha tenido la suerte de poder contemplar en vida un reconocimiento absolutamente merecido.

Desde aquí mi particular reconocimiento, Maestro.