jueves, 13 de septiembre de 2012

La cara oculta del rock: Desenmascarando a los Masked Marauders.

Fuente: efeeme.com Héctor Sánchez

Un concepto nuevo comenzó a florecer en la segunda mitad de la década de los sesenta: el supergrupo. Este término se empleó para denominar a las
bandas formadas por músicos que ya eran reconocidos por su trayectoria previa como miembros de otros grupos anteriores o como artistas individuales. Crosby, Stills, Nash & Young, Cream o Blind Faith sirven a la perfección para ejemplificar el término.

Ante esta nueva moda, varios músicos, con una experiencia más que reconocida, decidieron unirse y crear su propio supergrupo bajo el nombre The Masked Marauders.

¿Quiénes eran estos merodeadores enmascarados? El supergrupo de los supergrupos. El supergrupo definitivo. El resultado de meter en una coctelera a Dylan, los Beatles y los Stones. Los Masked Marauders estaban formados por Bob Dylan, Mick Jagger, John Lennon, Paul McCartney y George Harrison. Casi nada. Un conjunto bastante modesto, la verdad. La primera vez que se habló de ellos fue en la revista “Rolling Stone” del 18 de octubre de 1969. El periodista T. M. Christian publicó una reseña sobre un disco doble, “The Masked Marauders”, que los músicos habían grabado ocultando sus nombres para no tener problemas legales con sus respectivas discográficas. El encargado de producir el álbum no era otro que Al Kooper.

De acuerdo con el texto, los músicos habían grabado el álbum en riguroso secreto durante tres días en un pequeño pueblo canadiense cerca de la bahía de Hudson. Las canciones que formaban el disco eran tanto temas clásicos como composiciones nuevas, así como distintas improvisaciones musicales. Entre los títulos, T. M. Christian destacaba las interpretaciones de Dylan, tanto imitando a Donovan en ‘Season of the witch’ como atreviéndose con el tema doo wop ‘Duke of Earl’, John Lennon cantando ‘I’m the japonese sandman’, Paul McCartney interpretando su canción favorita, ‘Mammy’, y Mick Jagger con ‘I can’t get no nookie’, a la que calificaba como “un nuevo clásico instantáneo”. Para terminar el artículo, su autor finalizaba diciendo: “Se puede decir que este álbum es más que una forma de vida; es la vida”.

Aquella alianza entre los músicos más que una reunión de un grupo de estrellas era una constelación y los fans se volvieron como locos demandando el ansiado álbum grabado por sus artistas favoritos. Las tiendas de discos no sabían de qué estaban hablando y hasta los mánagers de los músicos, Albert Groosman, por parte de Dylan, y Allen Klein por parte de los Beatles y los Rolling Stones, recibieron cartas preguntando por tan deseado trabajo conjunto.

La espera terminó cuando los Masked Marauders comenzaron a sonar por las emisoras de radio y el álbum por fin llegó a las tiendas, aunque con un solo disco en lugar de ser doble. Más de 100.000 fans compraron su copia y más de 100.000 fans cayeron en la trampa. Habían sido víctimas de una de las estafas mejor elaboradas de la historia del rock.

El crítico Greil Marcus tomó como inspiración un artículo en el que se hablaba del primer disco pirata conocido con material inédito de Bob Dylan titulado “Great white wonder” y después pensó en los supergrupos, la moda del momento. Lo siguiente sería echarle imaginación. Se buscó un pseudónimo después de escribir el artículo ficticio que acababa de inventar y firmó como T. M. Christian, haciendo referencia a la novela “The Magic Christian” (1959) de Terry Southern, que sería llevada al cine en 1969 con Peter Sellers y Ringo Starr como protagonistas. La revista “Rolling Stone” publicó el texto y los lectores enloquecieron.

Ante la fuerte demanda del álbum, Greil Marcus y el propio editor de la “Rolling Stone”, Langdon Winner, decidieron continuar con la broma y dieron al público lo que quería. Para ello, contrataron a un desconocido grupo de Berkeley llamado Cleanliness and Godliness Skiffle Band, que se encargó de grabar los temas de los que se hablaba en la reseña ficticia imitando el estilo y las voces de los músicos de los que Marcus había hablado. Hasta la discográfica Warner Bros. estuvo metida en el ajo y creó un nuevo sello llamado Deity Records. Todo tenía que ser fiel al texto publicado por el supuesto periodista T. M. Christian.

Con un poco de mala baba, en la funda interior se incluyó el artículo de “Rolling Stone” que originó todo y un texto nuevo del tal Christian que rezaba lo siguiente: “Los expertos estiman que el negocio musical consta hoy en día de un 90% de bombo publicitario y un de un 10% de gilipollez. Los Masked Marauders, benditos sean, han ido mucho más allá. No necesita darle bombo a su música. Trasciende la esencia de la gilipollez por la que el público paga millones al año. No os dejéis engañar por cotilleos y rumores frívolos. En un mundo de farsantes, los Masked Marauders son un artículo genuino”.

Se puede llamar broma o se puede llamar engaño pero al público le metieron el disco doblado. Ni Dylan imitaba a Donovan ni Jagger cantaba ‘I can’t get no nookie’, por mucho que sonara como Jagger. Los oyentes estaban avisados de que todo era un montaje ya que en la última pista del disco un monólogo lo dejaba claro. Pero una vez el álbum estaba comprado, ya resultaba demasiado tarde.

La idea de Bob Dylan, los Beatles y los Rolling Stones unidos en un grupo resultaba demasiado apetecible. Sin embargo, en 1968, Lennon ya había compartido una pequeña experiencia con Keith Richards junto a Mitch Mitchell y el experto en supergrupos, Eric Clapton, en The Dirty Mac para el especial de televisión “Rock & Roll Circus” de los Stones. Más adelante, en 1988, dos de los supuestos Masked Marauders, Bob Dylan y George Harrison formaron su propio supergrupo con Tom Petty y Jeff Lynne y Roy Orbison en The Traveling Wilburys, que aunque también estaban enmascarados bajo pseudónimos, esa sí que fue una experiencia real.