domingo, 27 de mayo de 2012

Del pop de Los Beatles primerizos a la psicodelia de los setenta.

Fuente: elpais.es

Los gritos llenan la oscuridad cuando se empiezan a oír los tres primeros acordes de Twist and Shout. Con las luces del escenario todavía apagadas, los asistentes aplauden a la formación que hacía sonar los instrumentos todavía sin la luz de los focos. Los Beatles se personificaron el jueves por
la noche en el Arteria Coliseum gracias a los cuatro miembros de la banda tributo Abbey Road, que dejan de lado sus profesiones habituales para entretener a los fans del grupo más popular del planeta.

Ferrán Corbalán trabaja en telecomunicaciones de lunes a viernes, pero los fines de semana se transforma en guitarrista. Sobre el escenario es George Harrison. Los otros tres integrantes son Manel Solsona, que aparca su taxi para meterse en la piel de John Lennon, Manel Mateo que deja los seguros y pasa a ser Paul McCartney y Carles Moreno, que se transforma en Ringo Starr y se aleja de la empresa de aguas en la que trabaja entre semana. Ellos mismos dicen “The Beatles are back”.

La banda barcelonesa Abbey Road tocó 40 éxitos de los chicos de Liverpool durante más de dos horas y deleitó al público que, tras la actuación, se declaró más que satisfecho con el resultado. “Ha sido fantástico”, aseguró una antigua fan de los Beatles. “El sonido es casi idéntico”.

El John Lennon catalán bromeó hora tras hora sobre el escenario: “Antes solo hacíamos conciertos de 30 minutos, pero a más viejos más largos. ¿Quién se lo explica?”. Armado con una peluca, una lista de chistes sobre los integrantes de los Beatles y con inventario de referencias a otros ídolos del rock -como Chuck Berry o Elvis Presley- Lennon arrancó aplausos y risas al auditorio, una mezcla de estudiantes, jóvenes, mayores e incluso niños. La fiebre beatle volvía a sentirse casi como antaño.

La audiencia estallaba con las manos arriba haciendo el símbolo de la paz, dando palmas y entonando el ritmo cuando sonaban las canciones más populares, como Hard Day’s Night, Help o Come Together. Esta última, de la fase más psicodélica del grupo, vino adornada con el estilo típico de la época: los pantalones de campana, pelos largos y barbas a medio hacer. “Es lo más cerca que puedes estar de Los Beatles en España”, opinó Marco Murillo, un espectador de veinte y pocos años. La calidad del grupo también la reveló la revista inglesa Mojo Magazine, que les consideró el quinto mejor del mundo y el mejor de España, entre las bandas de tributo al grupo de Liverpool que levantó pasiones durante décadas.

Entre un tema y otro, Manel Sonsola gastaban bromas sobre la cantidad de canciones que tenían que tocar para rellenar un concierto. “Si fuéramos Pink Floyd, con cuatro canciones ya teníamos el espectáculo solucionado”, dijo antes de sacar del baúl joyas escondidas, como You like me too much o Mr. Moonlight. También Ferrán Corbalán, o George Harrison sobre la escena, bromeó con su condición de novato en los inicios de la banda. "No me dejaban componer. Todo para Paul, todo para John... ¡Qué avariciosos!", decía antes de cualquiera de sus composiciónes como, por ejemplo, Something.

Entre gritos adolescentes que evocaban esa época en la que Los Beatles eran fenómeno de masas, Paul, John, Ringo y George pidieron al público participar en lo que fue el final de su espectáculo. En pie, el auditorio cantó con ellos Hey Jude, un cierre que dejó buen sabor de boca y sonrisas plasmadas en los rostros. También se pudo escuchar algún suspiro y algún deseo imposible: “Como me gustaría que de verdad estuviesen todavía vivos para poder verlos tocar...”