lunes, 21 de mayo de 2012

Ha muerto Robin Gibb, de los Bee Gees.

Fuente: efeeme.com

Tras varias semanas recibiendo noticias sobre su delicado estado de salud, finalmente ayer, 20 de mayo, murió Robin Gibb, componente del trío Bee Gees, a los 62 años. En otoño de 2010 se le diagnosticó cáncer de cólon y de hígado, posteriormente, durante el tratamiento, entró en coma debido a una neumonía de la que parecía
haberse reestablecido. Además de con el grupo, Gibb, desde 1969 también grabó en solitario, manteniendo una guadianesca carrera solista que dejó siete elepés.

Los Bee Gees estaba integrado por tres hermanos: Barry, que era el mayor, y los dos hermanos gemelos Robin y Maurice. Eran tres de los cinco hijos de un batería de Manchester que emigró a Australia (concretamente a Redcliffe, en Queensland) junto a toda su familia en 1958 tratando de eludir la dureza de la posguerra. Robin había nacido en la Isla de Man, el 22 de diciembre de 1949.

El grupo, que no se disolvió hasta 2003, pasó por diferentes etapas musicales, en la actualidad la más recordada por el gran público es la que los llevó al éxito mundial en 1997 con sus canciones para la banda sonora de la película “Fiebre del sábado noche”, con las que el trío se zambulló en el ritmo del momento, la disco music.

Los orígenes de los Bee Gees se remontan a finales de los años cincuenta, cuando comenzaron a actuar en salas de cine de Manchester, por entonces se llamaban The Rattlesnakes, para, posteriormente, denominarse Wee Johnny Hayes & the Bluecats. En Australia, fue un DJ el que los bautizó como los Bee Gees, justo cuando comenzaban a aparecer en programas televisivos, lo que les granjeó gran popularidad, debido a sus juegos vocales y melodías. Los tres hermanos eran los compositores de sus propios temas, lo que les valió un contrato de grabación en 1963 para el sello Festival. Tras lanzar diferentes singles, en 1965 grabaron su primer elepé. Pero unas maquetas enviadas al manager de los Beatles, Brian Epstein, acabaron en manos del productor Robert Stigwood, quien logró que en 1967 firmaran por el sello Polydor. El lanzamiento de su primer álbum de esta nueva etapa en Inglaterra, los aproximaba a los Beatles, con los que fueron comparados. El single ‘New York mining disaster 1941′ los llevó a entrar en el Top 20 de Inglaterra.

El segundo single, ‘To love somebody’, los introdujo en las listas de Estados Unidos. Desde ahí, y en años posteriores, la continuación de éxitos fue constante, con el grupo desarrollando una suerte de barroquismo pop y psicodelia, producidos por ellos mismos y firmando en 1969 su obra cumbre, el álbum “Odessa”, uno de esos discos imprescindibles para quien quiera conocer las mejores obras de ese periodo pop y que les condujo a una primera disolución del grupo tras una agria discusión por la canción que debía lanzarse como primer single.

Discos posteriores, como los tres lanzados en 1971 (“SWALK”, “2 years on”  y “Trafalgar”) demostraron que los Bee Gees era un grupo de largo recorrido, capaz de gestar obras de enorme calidad y de lograr éxitos con ellas. Sin embargo, su estrella se fue desvaneciendo poco a poco hasta que en 1974 Eric Clapton los animó a grabar en los estudios Criteria de Miami con producción de Arif Mardin. De ahí salió el álbum “Mr. Natural”, en el que los Bee Gees se mostraban imbuidos por la música negra, especialmente por el funk, con Barry Gibb como principal entusiasta de esta nueva línea, en la que comenzaron a trabajar con los típicos falsetes que acabarían por identificar su nuevo sonido. La banda ahora tenía en Estados Unidos su base de operaciones, donde incluso obtuvieron algún número uno.

Pero todo cambió con la inclusión en 1977 de sus temas en la película “Fiebre del sábado noche” (“Saturday night fever”), que lanzaría a John Travolta al estrellato mundial y, de paso, llevaría a los Bee Gees a ser conocidos en todo el planeta, ya plenamente metidos en la disco music. ‘Stayin’ alive’ fue la canción que los catapultó. Un álbum, por cierto, el de “Saturday night fever”, que en absoluto hay que despreciar y que supone una piedra angular del pop de los setenta.

Su siguiente disco, “Spirits having flown” (1979), combinando baladas, música disco y sonido Filadelfia revalidó el éxito y durante los primeros años ochenta los rehabilitados Bee Gees fueron todo un fenómeno mundial. Desde ese momento comenzaron a vivir del pasado, aunque seguían editando discos, pero ya con escasa repercusión y enquistados en las formas que les llevaron al éxito en los últimos setenta. De los tres hermanos fue Robin el que más destacó, firmando producciones para Barbra Streisand y Diana Ross.
Durante los años noventa fueron desapareciendo poco a poco de la escena hasta la disolución en 2003, tras la muerte de Maurice, de un paro cardiaco durante una intervención quirúrgica.